La innovación es una característica esencial del empresario que se distingue de otros agentes económicos imprescindibles. La capacidad de innovación se concreta en la práctica de diversos modos: desde la introducción de un nuevo bien, hasta la creación de una nueva organización, pasando por nuevas fuentes de aprovisionamiento, métodos de producción o apertura de mercados.
En este contexto tan variado, conviene distinguir dos tipos de innovación: la tecnológica y la estratégica (o de valor); esta distinción parece relevante y presenta varias dimensiones.
Innovación tecnológica
Veamos, en primer lugar, la innovación tecnológica. Su base de recursos y capacidades es tal que permite a las empresas que la practican un alto crecimiento, proyección internacional, alta calificación del personal, aprendizaje permanente e inversión en desarrollo tecnológico. Actividades, la mayoría de las cuales, presentan importantes externalidades positivas.
Intuitivamente, podemos afirmar con cierta confianza, que a una sociedad le interesa este tipo de empresas. Sobre todo si esta sociedad desea fundamentar su bienestar material en la “cultura de la producción y la generación de valor”.
Los procesos de desarrollo tecnológico son muy complejos. Los cambios son frecuentes, la innovación se acelera. Aunque a una empresa le pueda costar muchos años introducir en el mercado una nueva tecnología, en su conjunto la innovación se experimenta como un proceso de cambio muy rápido. Se produce no sólo en el interior de la empresa sino en otras organizaciones, empresas, centros tecnológicos, universidades y centros de investigación.
Es importante, en consecuencia, “vigilar” el entorno tecnológico de la empresa con un objetivo muy preciso: detectar cuanto antes desarrollos tecnológicos que signifiquen una amenaza o una oportunidad. El diagnóstico correcto y oportuno de la amenaza permite a la empresa protegerse y reaccionar. Para ello es necesario un buen sistema de vigilancia tecnológico.
Por otra parte, las actividades de desarrollo tecnológico encuentran problemas que requieren consultas externas o acuerdos de cooperación con otras empresas o instituciones. Cuanto mayor sea la conexión entre la empresa y su entorno tecnológico, mayor será la eficacia de esta consulta o acuerdo y menores los costes de transacción asociados.
En resumen, podríamos sintetizar —de una manera excesivamente esquemática— que las nuevas empresas que aportan innovación tecnológica contribuyen a desarrollar sectores avanzados imprescindibles para el progreso de una sociedad moderna.
Innovación de valor o estratégica
También la innovación de valor o estratégica es importante. Consiste en “cambiar las reglas de juego” o las creencias sobre la “manera de hacer” en un mercado. Algunos ejemplos de empresas bien conocidas ilustran su importancia.
Su nueva manera de hacer implica el uso de nuevas tecnologías, pero su aportación específica se da en el terreno de la innovación organizativa y, especialmente, estratégica.
Las que enfatizan la “innovación de valor” contribuyen a dinamizar sectores con gran peso en el país, que de otra forma sufrirían un declive inexorable. Para que la nueva empresa innovadora cumpla su función ha de ser financieramente viable; la innovación ha de tener éxito, es decir, ha de alcanzar una penetración en el mercado que le permita remunerar el capital invertido.
Zara (Inditex) es un claro ejemplo de ello al lograr una fuerte penetración en el mercado y una importante presencia internacional. Han sabido desarrollar un modelo de negocio que resuelve las aparentes contradicciones entre un posicionamiento basado en el coste y otro basado en el diseño o diferenciación.
Empresas innovadoras
Las empresas innovadoras disponen de una organización que estimula los comportamientos innovadores. En esto, las PyMES y las nuevas empresas tienen ventaja sobre las grandes (éstas, sin embargo, tienen más recursos). Una forma de organización especialmente apta para empresas con una clara estrategia innovadora es la organización por proyectos. El recurso escaso y relevante es la efectiva gestión de proyectos.
El proyecto viene a ser el sujeto activo de la innovación: facilita la implicación de los técnicos, que se sienten cómodos en un proyecto interesante para ellos, al que dedican no sólo su esfuerzo sino sus conocimientos especializados que aumentan su valor al combinarse con los de sus compañeros. La relación que se establece entre distintas competencias constituye una capacidad específica de la empresa difícil de imitar.
Más información en: http://www.iup.es
Autor: Carlos Guayarte, Instituto Universitario de Posgrado











